Cuando en la FCEIA enseñamos Computación sin ver una computadora

Cuando en la FCEIA enseñamos Computación sin ver una computadora

La Mg. Elisa N. Petrone relata cómo era dar clases de Computación en la década de 1970, cuando sólo había una computadora IBM 1130 que estaba instalada en el CUR. 

En la década del 70 los estudiantes de carreras de ingeniería debían cursar en el Ciclo Básico una materia denominada Computación y Análisis Numérico. Fui ayudante en esa cátedra en la que se enseñaban los principios básicos de la programación, una versión del lenguaje Fortran y también diferentes temas de Análisis Numérico, desde lo teórico matemático y también implementando algún cálculo aproximado apelando al uso de la computadora.

Y digo bien, “la” computadora, porque había un solo equipo en toda la UNR que estaba emplazado en el CUR, en la entrada por calle Riobamba, donde está una construcción relativamente chica, con techo bovedilla. Era una IBM 1130 y había personal que atendía su uso, los estudiantes y los docentes nunca la vimos.

En las aulas de la FCEIA enseñábamos diagramas de flujo, elementos básicos de programación,  y el lenguaje Fortran. Los estudiantes, en grupos de a 3, debían realizar trabajos prácticos, elaborando programas para realizar cálculos en pos de resultados que les eran asignados por la cátedra. El programa se escribía a mano en planillas, ocupando cada sentencia un renglón.

Estos papeles iban al centro de cómputos en el CUR donde el personal “tipeaba” las sentencias en una máquina que perforaba tarjetas. Así, cada sentencia se convertía en una tarjeta perforada y el programa en un fajo ordenado de tarjetas que se colocaban en el dispositivo de entrada de la computadora. Cuando se le daba la orden la computadora ejecutaba el programa, devolviendo un papel impreso en el que figuraba la salida solicitada en el programa o bien, si había errores en él, una serie de indicaciones respecto de cuáles podían haber sido ellos.

Esa salida impresa, junto con el fajo de tarjetas, llegaba a la cátedra, se mostraba a los estudiantes para que reformularan su trabajo en caso de errores y volvía a enviarse al centro de cómputos. Este procedimiento podía repetirse hasta 3 veces.

Una vez lograda correctamente la ejecución del programa, que resolvía el problema asignado, se citaba al equipo autor para una defensa del trabajo. En ella se les interrogaba respecto de variantes posibles, errores cometidos, mejoras y cuestiones relativas a la lógica del programa que permitieran evaluar el grado de participación efectiva de cada uno de los integrantes del equipo en la elaboración y correcciones realizadas al programa, a efectos de obtener calificaciones individuales.

Entiendo que para la gente joven puede resultar curioso enterarse de las características de esos primeros momentos de vida de la computación en las aulas de la FCEIA, donde se la aprendía y se la enseñaba sin haber tocado ni visto nunca ningún equipo. La intención de este artículo es dejar testimonio de esa época, porque entiendo que siempre es bueno contextualizar lo que hay como parte de un proceso comenzado mucho tiempo antes.

Mg. Elisa N. Petrone


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