Las palabras que inauguraron la Facultad

Las palabras que inauguraron la Facultad

El Ing. Julio Gorbea,  Delegado Organizador de la Facultad de Ciencias Matemáticas, Físico-Químicas y Naturales aplicadas a la Industria, (UNL), con este discurso da por inaugurada la Facultad, el 31 de julio de 1920.

"Nunca es más fecunda en bienes la libertad, como cuando el mundo de las ideas evoluciona sin tropiezos en el plano superior de los destinos humanos. El estancamiento de las ciencias y de las artes, ha radicado siempre en el imperio del despotismo. Aprisionado el pensamiento por la coerción del poder y del ambiente de su época, sintió la insuficiencia de sus alas para difundir la verdad por todas las partes y redimir a la especie de todas sus angustias, en nombre al derecho a vivir en la plenitud de su capacidad, de su fuerza de expansión, de sus anhelos de lucha, de sus ideales soberanos…

Cuando Tarento recogía el último suspiro de Pitágoras, muerto en la pobreza más penosa a pesar de su Tabla, el universo pareció sentir la sensación de su pequeñez, frente a la imposibilidad en que estaba de impedir que la ciencia fuera aliada de la miseria. Y cuando el sabio de Siracusa caía a golpes de hierro en plena absorción científica, el estremecimiento de los hombres de pensamiento pareció significar que el progreso sería una paradoja, mientras el genio creador no constituyera el punto de apoyo, la base de partida de los pueblos en marcha hacia la luz del sol.

Y es que señores, en el fondo de la conciencia humana, aún dentro de la perversión que pueda dominarla, ha palpitado siempre una necesidad de redención, por el esfuerzo propio o extraño, que, rompiendo las ligaduras del pasado, tornara al hombre más digno de sí mismo.

El espíritu humano, desde los tiempos aborígenes, ha pugnado perenne de no estar aprisionado. Las revoluciones periódicas, desde la edad de piedra hasta nuestros días, no han sido otra cosa que el resultado de una lucha intensa, penosa y tenaz, entre el ideal que aspira a iluminar el horizonte y los obstáculos naturales y artificiales opuestos a su marcha. Pero como es verdad que las ideas no mueren, que las ideas no se matan, he aquí que la humanidad ha progresado a pesar de todo, ha hecho cada vez más anchuroso el camino, y ya no es el privilegiado, el noble o el hijo de la familia pudiente o histórica, el único que tiene derecho a usufructuar los beneficios de la enseñanza y de la ciencia.

Han pasado también las épocas en que, como dice Arhens, la Asociación o la Academia eran un claustro herméticamente cerrado o toda investigación profana. Pitágoras enseñaba en medio de sus discípulos la “primera necesidad”; y Platón, como Aristóteles, pregonaba la filosofía griega en medio de la plaza pública, entendiendo que el pensamiento no era un fruto de excepción, que pudiera encerrarse para ser gustado sólo por unos pocos y en las grandes solemnidades patricias. Ha sido más tarde, creadas ya en las universidades, que surgió el privilegio para menoscabar la libertad. Así se desarrolló en París las elecciones de derecho del Irnerio y en el resto de Italia, en Florencia, la Academia platónica de Cosme de Médicis, en Roma la Academia de Anticuarios, y en Venecia la Academia Filosófica.

Seríamos injustos si desconociéramos los beneficios que han prestado esos institutos al progreso general, tanto cuando Leibnitz promueve en Berlín, en 1700, la Academia de Ciencias, como cuando en Francia el Cardenal Richelieu organiza la Academia para el perfeccionamiento del idioma.

Pero no debemos exagerar esos beneficios, por la restricción con que fueron prestados y porque – digámoslo en homenaje a la Historia - esas instituciones no supieron entender los descubrimientos de su tiempo. Recordemos, por ejemplo, que la Sociedad Real de Londres no sabía apreciar los trabajos de Newton; y la Academia de Ciencias de París, tardó en entender los maravillosos descubrimientos de los Watt y de los Fulton.

Hay un peligro permanente en no ser accesibles a las inspiraciones de todos. Las ideas, los juicios y las creaciones que se cristalizan, son como esas momias egipcias: sólo sirven para darnos la impresión de un esplendor y una grandeza que fueron, pero no para iluminar nuestro porvenir.

Para organizar el orden científico y artístico, hay que ser pragmático y no hermético. Cuanto más amplio sea el criterio; cuando más podamos asimilar de los tiempos actuales; cuanto menos nos apaguemos al pasado en lo que pueda tener de conclusiones apotégnicas, más libres nos sentiremos para ensanchar el panorama de nuestros conocimientos. Nuestra personalidad cobrará mayor valor a medida que nos sintamos hijos de nuestra dignidad de hombres libres, nacidos de una tierra que entona con el yunque del trabajo la epopeya más ennoblecedora de nuestro continente.

Después de la América de la Colonia – decía Avellaneda – a la que le bastaban la teología como estudio y la ganadería como ocupación; y que reproduce en Charcas, Cuzco, Lima y Córdoba, los estudios de la edad media, que Alcalá de Henares y Salamanca continúan dictándole, con su doble autoridad metropolitana y científica; después de la América de los tiempos intermedios, incierta para encontrar su verdadera ruta, porque no acierta a desprenderse de las ligaduras informes con que envolvieron en su cuna, tendremos la América que investiga, que enseña y que aprende promoviendo la prosecución de sus destinos, que son dar a sus hombres y sus pueblos, por la ciencia y por el arte, por la industria y por las instituciones, con el más alto nivel intelectual la riqueza y la libertad.

Estamos en plena democracia. Rige los destinos del país, un austero ciudadano que, lejos de ser el fruto de la imposición de castas, es un reflejo fiel de la soberanía popular, manifestada en los comicios más libérrimos que haya tenido la República de castas, es un reflejo fiel de la soberanía popular, manifestada en los comicios más libérrimos que haya tenido la República, desde la época de su organización.

Al primer magistrado de la Nación, secundado eficazmente por el Señor Ministro de Justicia e Instrucción Pública, se deban las orientaciones y el alcance que a designio ha querido que tenga la facultad de Ciencias matemáticas, Físico-Químicas y naturales aplicadas a la Industria, de la Universidad del Litoral, destinada a irradiar con la sapiencia de sus profesores y el aprovechamiento de sus alumnos, conocimientos de utilidad positiva para el progreso público.

Esta casa de estudios, cuya apertura nos congrega, es del pueblo y para el pueblo. Quiere el excelentísimo presidente Dr. Irigoyen, que a ella tengan acceso cuantos por su preparación y su afán de aprender se sientan capacitados para ser ciudadanos útiles a la sociedad, a la patria y a sí mismos. No habrá, no debe haber dentro de ella, otras restricciones que las que impone una conciencia honrada, el anhelo de asimilar y el respeto que, en nombre de la libertad, limita el derecho propio en la línea justa en que comienza el ajeno derecho.

Dentro de estos conceptos, se ha trazado un programa de estudios cuya efectividad depende no sólo de profesores y alumnos, sino también del auspicio, el aliento y la cooperación que le preste todos aquellos que, amantes del engrandecimiento de la república, consideren estos organismos científicos como factores decisivos de trabajo fecundo y perfeccionamiento sin medida.

Esta Facultad abarcará la enseñanza teórica y práctica desde el obrero hasta las diversas especializaciones de la ingeniería en general. Consultando el medio en que ha de desenvolverse y las necesidades del país, se requiere para sus múltiples actividades, hombres prácticamente preparados, manuales e intelectuales, esta Facultad va a diferenciarse de sus congéneres, sino en la esencia de su rama superior, en los cincos ciclos que se sintetizan así:

Primero: enseñanza Técnica Elemental, que impartirá conocimientos de todas las clases de Artes y Oficio, con mecanismos, gráficos y anexos y decorativos; Segundo, enseñanza Técnica Secundaria de Especialización, que comprenderá Maestros Mayores de Obra, Electrotécnicos y Maestros de Trabajos Manuales, Tercero, enseñanza Técnica Superior, preparatoria para todas la ramas de la Ingeniería, se permitirá al alumno decidirse para una especialidad, según su vocación y actitudes; Cuarto, enseñanza Técnica Superior, especialización que comprenderá las carreras de Ingeniero Industrial, Ingeniero Mecánico, Ingeniero Electricista e Ingeniero Hidráulico, que permitirá tener hombres preparados para toda las calases de industrias, especialmente aquellas que utilicen productos y materias primas nacionales; Quinto, la enseñanza técnica superior Civil, que consiste en preparar Ingenieros Civiles o personas aptas para proyectar o dirigir toda clase de construcciones civiles o industriales, públicas o privadas.

Estos cinco ciclos en que se divide la enseñanza, permiten el acceso a ello a cuanto desee; y ofrecen las ventajas de ir escalonando las preparaciones técnicas, de tal manera, que en cualquiera de ellas que se detenga el alumno se sienta animado para la lucha por la vida.

Frecuentemente me ha sido dado ser joven argentino en la plenitud de la salud y de la fuerza, incapacitados por la falta de preparación para ganarse honradamente el sustento. Se veían forzados a ser elementos secundarios, inferiores dentro del trabajo colectivo, vegetando toda su vida en ocupaciones burocráticas. Pues bien: esos jóvenes quedarán en lo sucesivo al abrigo de contingencias, dificultades, con sólo cursar cualquiera de los ciclos de esta casa; y bastaría esta sola consideración para decirnos con la elocuencia que tienen los hechos, que el rol ponderable puede desempeñar en el mejoramiento del país y de sus hombres, el establecimiento que hoy inauguramos.

Pero es que aún vamos más lejos. Dejamos constituida una facultad que no responden sólo a las exigencias del presente, sino que penetramos en le mañana, en las entrañas mismas del porvenir, tiende a proporcionar la solución de muchos problemas sociales, que hoy agitan en la humanidad en todas las latitudes de la tierra. La pura experiencia nos ha enseñado a ser previsores, a no dejarnos sorprender por los acontecimientos, y a trabajar para que el futuro deje de ser una amenaza y un desaliento por sus incertidumbres. Dentro de lógicos y radicales designios, podemos constituirnos en elementos de defensa, al propio tiempo que construimos y avanzamos. Se ha visto que aquellos pueblos más preparados técnica y científicamente son los que menos calamidades han sufrido y que con mayor rapidez se ha acelerado al engrandecimiento y prosperidad. El pueblo de los Estados Unidos, es un ejemplo que testimonia la eficacia de su preparación para emprender y culminar.

Étnicamente nosotros nos encontramos en condiciones de mejorar nuestra situación actual. La materia prima, base indispensable para toda obra es un privilegio de nuestro pueblo y de nuestra impetuosa y viril juventud. Saber aprovechar esas fuerzas morales y materiales, y orientarlas con seguro impulso, es la ciencia que debemos practicar, para que ningún factor se pierda en el conjunto de nuestras inmensas riquezas naturales.

Por esto el gobierno nacional ha deseado y querido que sean amplísimos los horizontes que se abran a esta Facultad.

Desde el momento de su ingreso, el alumno queda bajo la protección paternal y cuidadosa de la facultad, que ha de seguirlo en la trayectoria de su vida, cualquiera que sea el lugar donde se encuentre y las actividades que ejercite. No será nunca el egresado profesional abandonado a su suerte. La casa que le brindó su saber y le armó caballero para el combate por el progreso y por el bien, hará que su influencia le guíe y acompañe y le habrá las puertas de la ocupación fructífera. No más profesionales sin saber que hacer de su ciencia y su diploma; paria y desocupado en su propio suelo, cuando las grandes empresas y las poderosas industrias, reclaman el concurso de técnicos extraños al país.

Esta facultad no va a limitarse a la enseñanza teórico-práctica en las aulas y gabinetes. Formará parte integrante de ella, fábricas, usinas e industrias, en donde el trabajo se efectúe por alumnos y profesores para todas las dependencias del estado nacional o provincial, con el consiguiente aprovechamiento para su aprendizaje y con utilidades efectivas, pues entrarán a participar en las ganancias que aporten las obras realizadas y que les han demandado una dedicación intensiva.

Hoy espero que, a este respecto, tanto los gobiernos como los particulares, secundarán en forma práctica y encomendando trabajo, los propósitos patrióticos que se perciben.

Ya se ha dicho que esta casa de estudios, será también fragua de labor material, precisamente en una ciudad que es orgullo de la república, porque se ha levantado y engrandecido a golpes de energía, obteniendo de sí misma todos los recursos que han logrado colocarla a la envidiable altura en que se encuentra.

Aquí. El estudiante y el obrero, el adinerado y el humilde hijo del pueblo, tendrán por igual la oportunidad de aprender para llegar a ser útiles a la patria de sus mayores, que después será la patria de sus hijos. En las etapas a recorrerse hasta llegar a los estudios superiores y definitivos que señalan el límite de la facultad, los primeros ciclos, plasmados en la Escuela Industrial que le es anexa, darán verdaderos obreros, preparados para hacer efectiva la implantación de las futuras grandes industrias que irá requiriendo el país en su marcha ascendente hacia el progreso.

Los ciclos superiores y de especialización permitirán a los alumnos conocer hasta en sus menores detalles una o más industrias nacionales, yendo de lo simple a lo complejo, en forma que, graduando la enseñanza general y la técnica, se encuentren al final de su carrera en condiciones de estar al frente de pequeños y grandes establecimientos fabriles e industriales en cualquier lugar de la república. Otro de los objetivos de esta división y clasificación del trabajo, se vincula directamente a los problemas sociales, que tanto preocupan a las viejas organizaciones europeas y que comienzan a plantearse con caracteres duros en América. Siquiera en parte, el abaratamiento de la vida puede lograrse por medio de la fabricación del papel, refinamiento de petróleo, etc.; así como por la construcción de casas baratas, proyectadas aquí y construidas con la cooperación de los mismos estudiantes. Y si eso podrá hacerse, no cabe duda que también la facultad resolverá con su eficiente acción el problema de los tipos de escuelas, desde el proyecto a la construcción y desde los bancos a los gabinetes de estudios, desde las cartillas vulgarizadoras a los útiles y textos, como no trepidará tampoco en construir al fomento de la agricultura y la ganadería, realizando estudios tecnológicos y experimentales, de  toda clase de máquinas rurales. Irá, en una palabra, a la par de los progresos públicos y particulares, superándolos algunas veces y estudiándolos siempre.

No me ciega ni ilusiona una tan magnífica perspectiva. Comprendo que la tarea es ardua y el camino muy dilatado; pero hay tanta fuerza en el alma nacional y en el carácter de la raza que estoy cierto no han de verse defraudadas las esperanzas que cifran en ella el gobierno nacional. No buscamos ni deseamos milagros. Todo debe venir, todo debe esperarse de las energías morales y físicas del pueblo, de la juventud resuelta y de los hombres plenos de sensatez que han de acompañarnos en la jornada que emprendemos llenos de fe y saturados de entusiasmo.

Un país que siente como el nuestro la necesidad de industrias, es un país aspirante y trabajador. Jamás se ha podido esperar nada de los individuos o de las colectividades que carecen de ideales, que no tienen en perspectiva nada que desear, nada que adquirir. El vastísimo territorio nacional que representa el acervo de nuestros antepasados, detiene todavía en su entraña virgen la materia prima que aguarda al obrero preparado y al técnico entendido capaz de transformarla en objetos útiles a la colectividad. Somos los hijos de un país productor, que espera ser fabril para eximirse de la obligación que hoy tiene de ser tributario del extranjero. Productores hoy, debemos ser mañana los transformadores hábiles de esa misma producción. Las industrias extractivas, metalúrgicas, de materiales de construcción, de transformación mecánica y química, etc. Nos esperan. En el campo de las materias extractivas tenemos la riqueza de las minas en general, de las canteras y de los desabastecimientos de aguas. En metalúrgica, las fábricas de hierro y acero, los talleres de construcción de buques, máquina, coches vagones, locomotoras, máquinas de vapor, calderías y otras, aguardan el impulso técnicos que deben elevarlas a un rango digno de competencia universal, Los materiales de construcción, tales como cal, cemento, ladrilleria y alfarería; así como las industrias de transformación que comprenden la evolución artificial que, no cambiando su naturaleza íntima, nos dan, por ejemplo, hilados, tejidos, estampados, etc., encontrarán en nosotros propulsores competentes y resueltos, amantes de la realidad palpable y aleccionadora.

La química nos dirá también, con la revelación de sus secretos seductores, cómo se cambia la constitución íntima de las materias primeras, para crear productos enteramente distintos, de aplicación inmediata a las cosas más dignas de ser gustadas y vividas.

No sé si será una ilusión de mis sentidos o un defecto de mi profesión; pero yo entiendo, señores, que, considerada en general, la industria presenta vastos horizontes que no han de ser superados por todas las imaginaciones del mundo. Para mí, la teoría y la práctica deben ser inseparables, conexas e indivisas, porque representan la materialización viviente de las comodidades del hombre: aspiración suprema que es el motor, la brújula, la fuerza de dirección de nuestros actos, aun cuando los convencionalismos que nos rodean y aprisionan, quieran decir otra cosa.

La industria técnica es la que tiene que decirnos cómo han de oprimirse los resortes maravillosos que han de abrir la gran puerta de un panorama nuevo. La enseñanza superior industrial, nos obligaría a una clasificación tecnológica a base de lo que debe entenderse por materia prima; y sea que, como ha dicho Manjares, esa clasificación se base sobre los usos, sobre nuestras necesidades y comodidades y hasta sobre nuestro lujo y aficciones; o que, tomando como punto de partida la ciencia, se ensaye la difícil clasificación de todos los ramos de conocimientos humanos y se parta de los conocimientos industriales, considerados como aplicaciones de otras tantas ramas de la ciencia, siempre será evidente que deberá responder a principios orientadores, perfectos y elevados del espíritu humano. De la ilustración necesaria en la vida social – decía el mismo autor – se pasa por medio del estudio a la erudición; y cuando inmediatamente se traspasan los límites que el hombre en su posición especial puede abarcar, es fácil caer en la pedantería. Nada más natural, sin embargo, que, en la necesidad que hoy se siente de entender en diferentes ramos, se tenga siempre, como valores en cartera, nociones de todo lo que puede ser base de una industria grande o pequeña o de un negocio artístico o industrial. Enlazadas las industrias entre sí, y dependiendo muchas veces unas de otras, no puede el industrial aislarse completamente dentro de la limitada esfera de su especialidad, ni prescindir del movimiento que en las demás industrias se opera; es preciso que, así como tiene capital para responder en un momento dado a las exigencias del mercado, o a un caso imprevisto, tenga también anotado un cúmulo de conocimientos más o menos enlazados con los que diariamente pone en práctica, para acudir a ellos en caso necesario.

De ahí pues, la universalidad de los conocimientos que esta institución naciente se dispone a difundir, penetrada del gran programa que le toca desarrollar, precisamente en una época de supremos interrogantes. Europa está hoy pletórica de problemas. Después de la inmensa devastación de la tremenda guerra, todos los países que fueron beligerantes, y aún los neutrales están entregados a la tarea de la reconstrucción, que ha de durar muchos años. No esperamos que nos envíen sus técnicos, ni sus maestros, que para ellos son menester; y esto mismo justifica mis incitaciones para que la juventud aproveche el tiempo y se convierta en elemento preparado técnica y científicamente, a fin de afrontar las necesidades actuales y futuras del país en el desarrollo y perfeccionamiento de sus fuentes de producción y de transformación de sus industrias.

Todo lo debemos intentar varonilmente; emulados por nuestros conocimientos; y para ello es preciso que los planes que tracemos sean vastos, profundos y, al propio tiempo, genuinamente nacionales; sin que sean parte a detenernos los sacrificios que demanda su realización. Un país eminentemente secular y conservador, Inglaterra acaba de sancionar un presupuesto de 71 instrucción pública que llega a la respetable suma de cien millones de libras esterlinas (1.100.000.000 de nuestra moneda) excediendo al del ejercicio anterior en 13.000.000 de libras; todo esto aparte de diversas subvenciones especiales y subsidios para investigaciones científicas y de carácter industrial. Parece excesivo tal presupuesto, pero no resulta sí si se considera que todo lo que va a gastarse para la enseñanza en un año, es equivalente a lo que se requería en quince días para la guerra. Con razón, pues, decía un prestigioso diario británico: “Si podemos asegurarnos un sistema pedagógico que garantice una niñez sana y fuerte, como base para la mejor preparación del espíritu y del cuerpo, ello constituirá un seguro contra el porvenir, por el cual bien puede pagarse 100.000.000 de libras esterlinas”.

No hay que vacilar en las erogaciones, cuando los fines a que se encaminan son prácticos y útiles, porque las compensaciones serán infinitamente superiores, según la podría demostrar, en el correr de los años, esta Facultad que inauguramos.

Más que el dinero vale el espíritu de iniciativa y el sentido práctico con que el señor presidente de la nación quiere que se emplee en provecho de la actualidad y del porvenir de la república. Los que en ese sentido nos han acompañado y acompañan, merecen pública gratitud. Yo me complazco en tributarla, desde esta tribuna a las instituciones y a los particulares que pusieron su inteligencia y sus esfuerzos al servicio de la fundación de esta Facultad; a los legisladores y a los profesionales, que tuvieron la visión cierta de que el pensamiento de ayer, podía y debía concentrarse en la fórmula de hoy. Y, singularizando mi gratitud, no debo ocultarla hacia el señor Ingeniero Laporte, que desde el primer momento puso a contribución su inteligencia y su experiencia de organizador para el mejor éxito de la misión que se había confiado.

Señores: Desde la inminencia de los progresos culturales argentinos, honra de la nacionalidad, nos es dado contemplar hoy: de un lado, el panorama inacabable de los campos cultivados y de la ganadería seleccionada e innumera; fuente de producción que, excediendo en proporciones enormes las necesidades del consumo propio, van a volcarse como fruto de bendición sobre los pueblos del mundo; del otro lado, las urbes colosales y maravillosas, en cuyo seno bullen y se expanden las industrias, se desarrolla el comercio y las actividades comunes superan los cálculos más temerarios; más allá, la rauda locomotora que arrastra sobre los rieles de acero el producto que es nervio del intercambio, y corta como el rayo las distancias entre pueblos y pueblos, cruzando incesantes praderas, puentes y caminos; del otro lado de los muelles repletos de mercaderías y el estuario caudaloso congestionado de vapores, centauros de los matres, correos prodigiosos que nos dan la sensación de hallarnos a dos pasos y en comunicación fraterna con todas las naciones del universo.

Todo eso, señores, resumen, compendio y expresión de la labor humana, se ofrece a la juventud estudiosa como inmenso campo de operaciones. El obrero natural, que aprendió nociones generales y adquirió conocimientos teóricos prácticos para llegar a ser un ciudadano conciente y hábil artífice; el especialista que ahondó en las ciencias para tener el pensamiento y cálculo certero; el ingeniero, en fin, que modeló su espíritu en las severas disciplinas científicas; todos ellos, unidos por un ideal único: el trabajo; por un anhelo uniforme: el progreso; por un propósito 80 común: el engrandecimiento de la patria, continuará hoy, mañana y siempre, la gallarda legión que acaso soñaron nuestros patricios, cuando en las horas inciertas y trágicas de la independencia, trazaron con su sangre las líneas generosas del mapa americano.

Para que eso sea una realidad, nos encontramos aquí, para que el sueño de nuestro pasado se encarne y palpite con abundancia de vida en las generaciones argentinas, abrimos de par en par las puertas de la Facultad, donde la renovación de ideas y metidos, y perenne y continua, evitando la cristalización que estanca, empobrece y destruye, haga correr la sabia de la ciencia por las cálidas arterias de la juventud.

Señores profesores:

Quedáis desde este momento en posesión de vuestros cargos. No necesito incitaros a la labor. Os sé preparados, entusiastas y decididos y confío en que sabréis encaminar la facultad a sus más altos destinos.

Sres. Estudiantes:

Esta es vuestra Facultad. Queredla y respetadla y hacedla querer y respetar.

Señores:

En nombre del excelentísimo Señor presidente de la Nación, Dr. Hipólito Irigoyen y de S. E. el Sr. Ministro de Justicia e Instrucción Públicas, Dr. S. Salinas, declaro solemnemente inaugurada el Facultad de Ciencias Matemáticas, Físico – Químicas aplicadas la Industrias de la Universidad del litoral.

He dicho”.

 

Fuente: Cinalli, Nora Relato de una transformación – 1a ed. - Rosario: UNR Editora - Universidad Nacional de Rosario, 2005. ISBN 950-673-533-6


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